Los mercados


  ¡Hola fans del dulce y las gochaditas! Perdonad la tardanza en publicar pero es que estamos a tope tratando de endulzaros el día :)… prometemos que no se repetirá esta espera.

  Ya teníamos ganas de volver a contaros un poquito más de nosotros, y queremos dedicar este ratito a los mercados. Si, si …todavía somos Ms. Robinson!  No vamos a aburriros hablándoos de bolsas, bancos y divisas, tranquilos!

  Queremos hablaros del mercado tradicional, del de toda la vida. ¿No os molaba mogollón ir con vuestros abuelos al mercado? Entrar por la puerta y escuchar el ruido de 100 conversaciones, ver asombrados el trajín de las tiendas, y pasar por los puestos… por aquí huele a carne, por acá a embutidos y allí se está fresquito por el hielo del pescado. El mercado era para un niño un lugar asombroso por el que mirar un poquito del mundo de los mayores. Era y es la vida, el intercambio, un foro en el que veías claramente lo que significaba ser una comunidad.

  Luego crecimos, y se nos fue olvidando la sorpresa, el mundo de los mayores ya  no nos parecía para tanto. De repente la gente, y nosotros también, queríamos todo y lo queríamos para ya!

  Y cambiamos los mercados por esos lugares impersonales, repletos de estanterías en los que te autoabastecías. Les llamaron súper, pero en nada mejoraban al mercado.

  Fuimos zombies recorriendo estanterías y pasillos, buscando la mejor oferta made in algún país barato en el que producir. Sabores artificiales, frutas maquilladas para revista, y todo bien empaquetado en plástico era todo lo que nos ofrecían.

  Y entonces viajamos…

  En Marruecos vimos los mercados de especias, el olor a aceitunas, a cuero… En Londres el ajetreo, el  murmullo de ofertas y demandas de quesos derretidos ante nuestros propios ojos, de empanadas humeantes, de servilletas y vasos de papel. En la Boquería recordamos el olor a fruta y verdura fresca,  de la de verdad. Madrid nos enseñó el mercado de San Miguel, con sus cañas y tapas de todos los rincones posibles.

  Y viajando pensamos lo mucho que molaría tener algo parecido en casa, un lugar para la comunidad, en la que intercambiar con calma nuestras risas y nuestros dulces. Y ¿sabéis que?

¡YA LO TENEMOS!

  Nos pirran los mercados tradicionales, nos gusta el pequeño caos que crean y la vida que en ellos surge y nos encanta este rinconcito desde el que ofreceros nuestras delicias.

  Si a vosotros también os gustan, si compartís nuestra forma de ver el comercio, dejadnos haceros un poquito más felices! Os esperamos encantados en el Urban Market Progreso 41 🙂

¡Hasta el próximo post!

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